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La Coctelera

¡Que paren el mundo, que yo me bajo!

De todo un poco

25 Julio 2009

UNA CITA PARA CADA DÍA: "¡SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA!".

 

Grito de guerra que lanzaban las tropas cristianas españolas durante la Reconquista, en sus batallas contra los árabes.

Pero ojo, que ésto, que parece tan sencillo, tiene mucha "miga". Veamos:

Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo (para distinguirlo de Santiago el Menor, hijo de Alfeo), fue uno de los 12 apóstoles de Jesucristo Nuestro Señor (que está sentado a la derecha del Padre, por los siglos de los siglos, amén). Al ascender a los cielos, el Mesías resucitado encomendó a sus discipulos la tarea de difundir su doctrina por todo el mundo (por todo el mundo "conocido", se entiende, que entonces solo abarcaba el Imperio Romano -y ya era bastante, para los medios de transporte de la época-).

El día de Pentecostés, hallándose los 12 apóstoles (11, para ser exactos, porque faltaba el pobre Judas, que se había suicidado por la culpabilidad que sentía al haber traicionado a Jesús -pese a que su acto estaba predicho en las Escrituras y, por tanto, le era obligatorio cumplirlo por ley divina-) reunidos, bajo la presidencia de la Virgen María, Madre de Dios (o sea de Dios Padre, se supone -abuela de su propio hijo, por tanto-...¡Qué "Cristo" me estoy liando, "Dios"!), todos atribulados, discutiendo cómo unos pobres iletrados como ellos -rudos pescadores- iban a poder difundir la palabra de Cristo,  bajó del cielo el Espíritu Santo en forma de paloma e infundió a los apóstoles el "don de lenguas", lanzando una "lengua" de fuego sobre la cabeza de cada uno (o sea, que les dio un curso acelerado de idiomas, enseñándole en un "pis-pas" a cada cual el idioma de la zona en la que debía predicar -¡vamos, que ni "Home English"...-).

A Santiago (Sant-iago, Sant-Yago, Saint James -en inglés-; también San Diego) le tocó difundir la doctrina cristiana por la "España cañí" (que entonces aún era una simple provincia del Imperio Romano llamada "Hispania" -"tierra de conejos", en latín-). Resignado a su triste suerte, Santiago viajó a la Península Ibérica e hizo lo que pudo. Un día, cansado de caminar y de que nadie le hiciera ni puñetero caso, se tumbó desanimado en un lugar a orillas del río Ebro, junto a la ciudad de Cesaraugusta (hoy Zaragoza), momento en que se le apareció la Virgen sobre un "pilar" o columna para infudirle ánimos (de ahí que la patrona de Zaragoza sea la Virgen del Pilar). Continuó Santiago su predicación por tierras hispanas hasta que, terminada su labor evangelizadora, volvió a Judea, donde fue decapitado por orden del malvado Herodes Agrippa.

Sus seguidores recogieron sus restos y los colocaron en una barca de piedra, que, milagrosamente, atravesó todo el Mediterráneo y parte del Atlántico hasta atracar en las costas de Galicia, donde manos desconocidas trasladaron su cuerpo al interior de la región y lo enterraron en un lugar secreto.

Siglos después, tras la caída del Imperio Romano, la instauración de Reino Visigodo, la invasión de la Península Ibérica por los árabes y el nacimiento de los primeros Reinos cristianos en el Norte de la Península, más concretamente, en el Año del Señor de 813, siendo Rey de Asturias (que también abarcaba Galicia) Alfonso Vll "El Casto" (porque, al parecer, "no se comía una rosca"), un humilde pastor galaico, en una fría noche invernal, advirtió que, sobre un recóndito montículo de la Galicia interior, brillaba con fuerza una enorme y luminosa estrella, como si quisiera transmitir un enigmático mensaje a quien la viera. El susodicho pastorcillo corrió a contarle el portento a Don Teodomiro, Obispo de Iria Flavia (la actual Padrón -de famosos pimientos, por cierto-), quien, tras dudar si lo que el pastor le estaba contando no sería fruto de un "alucine" provado por la ingestión inmoderada de orujo gallego -muy alto en graduación alcohólica-, decidió, pese a todo investigar el caso. Personóse el Prelado con toda su cohorte en el paraje indicado por el pastor (que desde entonces se llama Compostela: "campus stellae": "campo de la estrella") y allí encontraron -¡oh, milagro!- la tumba de un hombre decapitado. El venerable Obispo, conocedor de la leyenda jacobea, dio pronta noticia del hallazgo al Rey Alfonso Vll (que, a esas alturas, no sabemos si seguiría siendo ya tan "casto"), quien, viendo en ella la oportunidad de consolidar el frágil reino cristiano naciente mediante un "golpe de efecto", decretó, sin más pruebas ni indagaciones, que aquel cuerpo encontrado era, ni más ni menos, que el del mismísimo Apóstol Santiago.

La noticia corrió como un reguero de pólvora por toda la cristiandad, porque, hasta entonces, solo se conocía la tumba de un apóstol que hubiera visto, oído y tocado directamente a Cristo: la de San Pedro, en la colina del Vaticano, en Roma. Ahora, en tiempos de tribulación para la cristiandad (el Islam amenazaba por todas partes, algunos suponían que el Apocalipsis sobrevendría al cumplirse el año 1.000, etc...), se desubría el sepulcro de un segundo discípulo del Verbo hecho Carne (San Juan dixit), de modo que Compostela se convirtió en la tercera ciudad santa del cristianismo, tras Jerusalén -a la que no se podía llegar, por hallarse en poder de los sarracenos- y Roma -que lo era ya desde hace tiempo-. Así que, desde toda Europa comenzó a acudir un río de gentes hacia el Oeste de España (siguiendo el trazado nocturno de la "Vía Láctea", nuestra Galaxia: otra curiosa coincidencia esotérica), lo que dio lugar al "Camino de Santiago".

En éstas estábamos cuando el Reino de Asturias, convertido ya en Reino de Castilla y León, intentaba, roto ya el corsé de la Cordillera Cantábrica, expandirse por la llanura meseteña. En esta dura y esforzada empresa, un buen día, encontráronse el ejército moro y el cristiano en la localidad riojana de Clavijo (que cuenta con un fantástico castillo enclavado sobre un alto peñasco casi inexpugnable), entablando una fiera batalla por apoderarse de la estratégica posición. Mal lo llevaban los cristianos, que estaban siendo derrotados por los moros cuando, de pronto, se presentó en el escenario de la batalla, no el Jabato o el Capitán Trueno, sino el mismísimo apóstolo Santiago a lomos de un resplandeciente corcel blanco (de ahí el acertijo: "¿de qué color es el caballo blanco de Santiago?"), repartiendo a diestro y siniestro mandobles a la morisma, e infundiendo tal ánimo a los cristianos que, al grito de "Santiago y cierra, España", pasaron al contraataque y acabaron ganando una batalla que prácticamente tenían perdida (en fútbol -disculpas por la comparación, a veces pasa lo mismo: el lo que se llama "una remontada").

Desde aquel día, Santiago fue declarado patrón de España y se le representa en ocasiones como "Santiago matamoros". Pero qué significa aquel grito de "Santiago y cierra, España". La mayor parte de la gente piensa que quiere decir algo así como "Santiago, protege a España". Pero no, amigos míos, y éste es el "quid" de la cuestión. En la nomenclatura militar medieval, "cerrar" era una orden militar que los mandos daban a los soldados y que signficaba "acometer", "atacar". Por tanto, no quería decir "Santiago, defiende a España", sino todo lo contrario: "Santiago y ataca, España".

La diferencia no es baladí: La interpretación tradicional consideraba aquel grito de guerra como una invocación a que el Apóstol "cerrara a España", o sea, la "amurallara" o la "aislara" frente a sus potenciales enemigos (los moros, los herejes, los librepensadores, los masones, los comunistas), haciendo un cambalache lingüistico de modo que se escribiera la consigna como "SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA". La verdadera interpretación lo concibe como un ruego al patrón de España para que la ayude a "cerrar", a "atacar", a "avanzar", frente a los obstáculos y dificultades, porque la verdadera fórmula de la expresión es "SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA" (con una coma entre "cierra" y "España"): dos maneras absolutamente enfrentadas de concebir a España; como un país aislado y encerrado en sí mismo, como si fuera un convento religioso o un cuartel militar; o como un país abierto al mundo, que quiere estar en la vanguardia de la modernidad.

¡Caramba si la cosa tenía "miga", amigos -valga la redundancia-!.

25 de julio "Anno Dominio MMIX", festividad de Santiago Apóstol, Patrón de España (y de paso, "día da patria galega": fiesta nacional de Galicia).

("In honorem" Clítoris, que me lanzó de un empujón a la piscina de "la coctelera": un guiño de su falso "troll" -ella ya me entiende-).

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Clítoris

Clítoris dijo

Bienvenido a ésta, su casa, pero que conste que usted se lo guisa y usted se lo come...
De hecho, este artículo de "iniciación coctelera" no estará entre mis favoritos. Y no por las formas, que son espléndidas. Sino más bien por el tema a tratar y por el modo de hacerlo.

Claro que todo es cuestión de gustos, creencias, ideas, educación y costumbres de cada cual.

Lo dicho: bienvenido.

26 Julio 2009 | 09:32 AM

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