CANARIAS: MI PARAÍSO DESCONOCIDO.




Comienzo reconociendo que soy un tipo "peninsular", en el sentido de que tengo la equivacada idea de que España es la Península Ibérica -menos Portugal- y "poco más". El territorio peninsular de España me lo he "pateado" a conciencia, de Norte a Sur y de Este a Oeste, porque -y no es por chovinismo- estoy enamorado de mi país y pienso que es uno de los más bellos y atractivos del mundo, por su situación, su historia, su arte, su variedad geográfica y climática, por tantas cosas...
Sin embargo, ese "poco más" al que me refería arriba existe y tiene nombre: Son dos archipiélagos (Baleares y Canarias) y dos ciudades enclavadas en el norte del continente africano (Ceuta y Melilla). Pero esos territorios, tan españoles como el que más, me son, por desgracia -y por mi comodona estulticia- prácticamente desconocidos. Conozco mínimamente Baleares, más en concreto, la isla de Menorca, porque mi hermana mayor se casó en su momento con un menorquín y se fue a vivir allí. Cuando mis padres, mi hermano menor y yo fuimos a su boda, mi hermana y su marido nos llevaron a hacer un pequeño recorrido turístico por lo más destacado de "la illa del vent" ("la isla del viento"), como llaman a Menorca.
Salvo éso, nada más. Tras recorrer y explorar a conciencia el territorio peninsular español, mis intereses se dirigieron a los países europeos más inmediatos a España: Portugal, Francia, Italia -incluso Alemania-; países que visité sucesivamente, olvidándome de esa "otra España", la de las islas, como si fueran una especie de "resíduo" -perdón por la expresión: la utilizo simplemente en sentido matemático, equivalente al "resto" de una división- del que no valía la pena ocuparse.
A ello contribuyó quizá el hecho de que soy un poco "claustrofóbico" geográficamente hablando: la idea de estar en una isla me produce un poco de ansiedad, como si me enontrara confinado en una especie de "prisión" de la que no se puede salir sino por mar o por aire, pero no por tierra, y en la que uno está condenado a dar vueltas y vueltas alrededor de los mismos lugares y paisajes, una y otra vez, como un prisionero sin posibilidad de escapatoria. A mí lo que me tranquiliza es poder coger el coche y sentir que, si quisiera, podría llegar con él, por tierra, hasta Moscú, Pekín o Nueva Delhi; aunque en realidad no pretenda más que llegar hata Alcorcón o Getafe...
Una cuestión psicológica, obviamente, porque tengo entendido que a los "isleños" es muy difícil sacarlos de sus islas y son reticentes a poner pié en el Continente. Lo sé por mi cuñado menorquín, al que no lo sacas de Menorca si no es obligado por una compañía de "geos" armada hasta los dientes. Los isleños son, por tanto, gente muy apegada a su pequeño territorio, y sus motivos tendrán. A lo mejor a ellos les pasa lo contrario que a los peninsulares, y sienten una especie de vértigo cuando se encuentran en el contienente, como si estuvieran en un epacio demasiado grande, deshumanizado, en el que es fácil perder los puntos de referencia y extraviarse sin saber adónde ir, para aparecer sabe Dios dónde...La psicología, ya digo.
Recientemente, una honorable comunera de "la coctelera" ha publicado en su blog, a propósito de los incendios veraniegos en la isla de La Palma, una serie de artículos en que se hacía referencia a las Islas Canarias, de donde ella es originaria. Ello ha hecho que mi foco de atención se volviera hacia esas Islas y empezara, por fin, a verlas y a reparar en ellas.
Al hacerlo, me he dado cuenta de lo poco que sé sobre las Canarias. Y ese poco que sé voy a exponerlo aquí, a modo de "sueño onírico" de un peninsular sobre unas islas que no conoce, pero sobre las que tiene la vaga idea de que son algo así como un "paraíso desconocido" para él. Y para ello no voy a cometer la vulgaridad de recurrir a la "Wikipedia", que sería lo más fácil y cómodo, y me haría quedar como todo un erudito ante la concurrencia. No: lo voy a hacer "a pelo", como es de ley, basándome en lo que he visto, leído u oído hasta ahora en novelas, en la tele, en los periódicos, en comentarios de otras personas...
Empecemos por el principio, o sea, por la mitología. Según tengo entendido, las islas Canarias serían, al parecer, un resto no sumergido del enigmático y misterioso continente de "La Atlántida", que ya aparece incluso mencionado en los Diálogos de Platón, nada menos. Y los "guanches", los pobladores indígenas de las Canarias, serían los únicos descendientes conocidos de los míticos "Atlantes", cuyo solo nombre evoca un poder antiguo y ancestral, casi esotérico, desbaratado por el hundimiento en el mar de su continente, a consecuencia de una catástrofe apocalíptica de resonacias bíblicas, del que no se ha vuelto a saber más...
Por tanto, ya, para empezar, las Canarias se nos aparecen envueltas en un halo de misterio, emparentadas con una remota antigüedad perdida, con una civilización al parecer muy avanzada, que daba "sopas con honda" a los pobres y primitivos "neanderthales" que poblaban en aquellos tiempos el frío, inhóspito y solitario continente europeo. Y luego está el tema "racial" o "étnico" -como se prefiera-. Los "guanches", digo. En imágenes y fotografías he observado que muchas canarias (a uno, como hombre que es, le tiran las mujeres y se fija primordialmente en ellas -servidumbres de la condición masculina-) conservan en fisonomía unos rasgos peculiares (ojos ligeramente rasgados, labios especialmente carnosos...) distintos a los de las europeas. Supongo que son la descendientes más "puras" (menos "mezcladas", digamos), de aquellos antiguos guanches que poblaban originariamente las islas afortunadas. Y son tremendamente guapas, las condenadas, hay que reconocerlo...En cierto modo me recuerdan los rasgos de algunas Sudamericanas especialmente atractivas. ¿Será ésto un indicio de que, efectivamente, como cuentan los relatos míticos, en tiempos ancestrales hubo entre Europa y América una especie de continente-puente en medio del Océano Atlántico, cuyos habitantes dejaron su huella genética a un lado y a otro?. No lo sé: solo lo apunto como hipótesis.
Y luego está la dulzura del acento canario, con su tierna y suave cadencia, tan alejado del áspero, duro y cortante acento peninsular, y tan parecido, en cambio -nuevamente-, al acento que imprimen al idioma castellano en los países hispanoamericanos. Esto me lleva a una reflexión más general: Es curioso cómo el lenguaje castellano, que en su lugar de nacimiento, Castilla, suena -como he dicho arriba- con un tono tan áspero y duro, se suavice tanto en los territorios conquistados por la Corona de Castilla allende la Península Ibérica, volviendose tan tierno, cadencioso y agradable al oído, como si, al recibir el idioma de aquellos rudos conquistadores castellanos, los naturales de los territorios conquistados hubieran adaptado ese lenguaje a su propia naturaleza de pueblos más pacíficos, dulces y sosegados. Algunos dirán que es un acento empalagoso que desnaturaliza la fuerza original del castellano, nacido de un pueblo guerrero en lucha permanente, primero contra los árabes que ocupaban la Península Ibérica; luego, para conquistar nuevos territorios más allá de ella (Canarias, América...). Pero qué bonito suena ese acento a unos oídos acostumbrados a la sequedad del tono castellano, agravada por el chulesco tono del acento madrileño...
"Los godos" nos llaman los canarios a los peninsulares, con fina ironía, haciendo referencia a ese carácter rudo y primitivo que se nos supone, casi germánico; a los fríos gélidos y los calores tórridos que por aquí sufrimos; a ese "trabajar y venga a trabajar", como "alemanes del Sur", ajeno a la "dulzura de vivir" canaria...
Ahora viene la Historia. Por lo que sé, las islas Canarias fueron "conquistadas", "colonizadas", "ocupadas" -o como se quiera decir- por la Corona de Castilla durante la Baja Edad Media, cuando el ímpetu guerrero castellano, templado en una guerra de casi 8 siglos contra los "moros" que ocupaban la Península, continuó desbordándose por el Sur, al otro lado del estrecho de Gibraltar, poniendo pié en África y sus aledaños, y apropiarse de todo territorio que hubiera por allí...incluídas esas curiosas islas situadas frente al continente africano, de clima paradisíaco y pobladas por una gente al parecer bastante pacífica, que no iba a dar mucha "guerra". Ahí se produjo la conquista de las Canarias; el sometimiento del pueblo guanche (me suenan lejanamente batallas desiguales cuyos nombres desconozco, actos de resistencia de héroes indígenas cuyo nombre no recuerdo: hechos que, sin embargo, creo que han perdurado hasta la actualidad en la memoria colectiva de los canarios); la construcción de las primeras ciudades de casas encaladas, al estilo andaluz; el levantamiento de las primeras iglesias, ya en estilo colonial -de nuevo esa conexión con hispanoamérica-; la organización administrativa de los territorios recien conquistados...Tengo entendido que la primera capital de las Canarias bajo el dominio castellano fue la ciudad de la Laguna, donde se instaló el gobierno, la universidad y la diócesis, localidad emplazada un poco haia el interior de la Isla de Tenerife. Quizá por razones estratégicas, para proteger mejor el epicentro del poder de posibles invasiones externas por mar. Solo más tarde, una vez establecida la seguridad martítima y delimitados los ámbitos de expansión de las distintas naciones emergentes de la Europa del Renacimiento, la capital se trasladó a Santa Cruz, al borde del mar.
Luego, las Canarias quedan sumidas, para mí -o mejor, para mi desconocimiento-, en siglos de letargo y olvido, como un agujero negro en la memoria, dirigido mi foco de atención al epicentro de la "movida" de la Historia de España en la Edad Moderna: la conquista del continente americano, las guerras en Europa, el auge y decadencia del Imperio español...Durante el siglo XX, Canarias me suena de que fue, circunstancialmente, "la madre del cordero" de la Guerra Civil española de 1936-1939 (nuestra "Guerra Civil" por antonomasia): Durante la 2ª República, cuando el enfrentamiento fratricida ya se veía venir, Franco, que había sido Jefe del Estado Mayor del Ejército en la época del bienio radical-cedista (1934-1936), fue trasladado por las autoridades republicanas a Canarias como Gobernador Militar de la región, porque sospechaban que podía tener veleidades golpistas y querían mantenerlo alejado de Madrid, la capital de España. Lo cierto es que, en aquel momento, "el comandantín" -como se le conocía desde su boda con Dª. Carmen Polo, hija de una ilustre familia asturiana- estaba en dudas y aún no sabía bien qué partido tomar. Sentó sus reales en Santa Cruz de Tenerife como Gobernador Militar de Canarias. Finalmente se decidió por participar en la conspiración pero -como tipo cauto y detallista que era-, no sin antes cubrirse bien las espaldas: se aseguró de que, caso de un eventual fracaso del golpe, él, su mujer y su hija pudieran huír de España rápidamente y vivir exiliados en el extranjero a costa de una bien nutrida cuenta corriente bancaria que el financiero Juan March -uno de los más conspícuos partidarios civiles de la rebelión- había abierto a su nombre en Suiza. Una vez hecho ésto, aceptó que un avión particular fletado por el susodicho financiero, el famoso "Dragón Rapide" lo trasladara hasta Marruecos, donde se hallaba "la flor y nata" del Ejército español de aquélla época: la Legión, de la que había sido creador y Jefe en su juventud, y los Regulares, tropas mercenarias moras, cuerpos militares, ambos, extraordinariamente disciplinados, arriesgados y curtidos en la guerra de Marruecos. Para no despertar las sospechas de las autoridades republicanas, Franco aprovechó que, casualmente, días antes de la rebelión, había fallecido en Las Palmas el Gobernador Militar de esa Provincia; suceso que le vino "como anillo al dedo", porque le dio el pretexto perfecto para trasladarse desde Santa Cruz a Las Palmas para asisitir, aparentemente, a las exequias fúnebres de su subordinado. Tras hacer el "paripé", el "comandantín" se dirigió a la base aérea de Gando, donde ya lo esperaba el "Dragón Rapide", que había llegado procedente de Londres tras hacer escala en Lisboa, que lo trasladó a Tánger, en Marruecos, donde no le costó nada convencer a sus antiguos subordinados -la Legión y los Regulares- de que se unieran al alzamiento. Mientras tanto, en Melilla, la tarde del 17 de julio de 1936, comenzaba anticipadamente la rebelión militar, que dio lugar al episodio más trágico de la España contemporánea: una terrible guerra fratricida cuyos ecos aún perduran en la memoria colectiva de los españoles.
Pero, como ya digo, el papel de las islas Canarias en estos episodios fue meramente circunstancial y accidental (a Franco podían haberlo destinado a cualquier otra región periférica de España), y no manchan en absoluto el nombre del Archipiélago. Ya avanzado el siglo XX, caída la dictadura franquista y puesta en marcha la transición a la democracia y el "Estado de las Autonomías", Canarias me suena porque allí hubo un conato de movimiento independentista -de tintes incluso violentos- protagonizado por un movimiento denominado "MPAIAC" -o algo así- que fue rápidamente sofocado. Hasta que finalmente, el Archipiélago obtuvo su Estatuto de Autonomía y hoy consituye una Comunidad Autónoma más en el seno de España, aunque con importantes peculiaridades derivadas del "hecho insular" (un régimen fiscal especial, subvenciones en los viajes aéreos para los naturales de las islas que quieren desplazarse a la Península, etc...).
Vamos ahora con la Geografía. Sé que el Archipiélago canario está formado por siete Islas: Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote, La Palma, El Hierro y La Gomera, situadas frente al continente africano, a la altura del Sáhara, más o menos. Hasta ahí, todo correcto. El problema llega a la hora de ubicar exactamente dichas Islas y determinar a qué Provincia pertenecen, si a la de de Santa Cruz de Tenerife o a la de Las Palmas. Y ahí es cuando un ignorante "godo" como yo "se hace la picha un lío" -con perdón-. Vamos a intentar ordenarlas sin tener ningún mapa delante, a riesgo de "meter la pata hasta el zancajo" -como se suele decir-. Partimos de la base de que hay dos Islas centrales, las mayores del Archipiélago, enfrentadas geográficamente: Tenerife al Oeste y Gran Canaria al Este, alrededor de las cuales se articulan las demás. A través del brazo de mar que las separa corre la línea divisoria entre ambas Provincias. La isla más occidental es la de El Hierro -capital: Valverde, creo-, verdadero "Finisterre" de España y de Europa (con permiso de Madeira y Las Azores, que pertenecen a Portugal). A la Provincia de Santa Cruz creo que pertenece también La Gomera -capital: San Sebastián- (que me suena porque en ella permanece aún "el silbo" una peculiar forma de comunicación a distancia mediante silbidos procedente de la época guanche que se adelantó, a su manera, a la moderna telefonía móvil -igual que los apaches norteamericanos se comunicaban a distancia mediante señales de humo-). También en el demarcación provincial de Santa Cruz creo que está incluída la isla de La Palma -capital: Santa Cruz-, desgraciadamente asolada este mes de agosto por los incendios veraniegos. A la Provincia de Las Palmas pertenecen, además de Gran Canaria, la isla de Lanzarote (de resonancias míticas y literarias, ya que "Lancelot" o "Lanzarote" fue uno de los Caballeros de la Tabla Redonda del Rey Arturo) y la isla de Fuerteventura, la más oriental y cercana a África del Archipiélago canario.
No sé si he acertado plenamente: espero haberme aproximado lo más posible a la realidad. En cuanto a las características peculiares de cada isla, ya me pierdo aún más. Sé que en Tenerife se encuentra el pico del Teide, la montaña más alta de España, con sus más de 4.000 metros de altitud, alrededor de cuya volcánica altura se desparrama en pendiente la topografía del resto de la isla (al norte, más húmedo y umbrío, La Orotava y el Puerto de la Cruz; al Este, Santa Cruz -la capital actual- y la Laguna -la capital histórica-; al Oeste, las playas de Las Américas y de los Cristianos, los principales centros turísticos de la isla; sin olvidarnos de Icod de los Vinos, en el interior, con su drago milenario). La isla de Gran Canaria tiene una forma más redondeada que la de Tenerife -más alargada-, y además de la capital, Las Palmas -que supera en población a Santa Cruz y es, por tanto la primera ciudad canaria por número de habitantes-, alberga ciudades como Telde (en el interior -que en los tiempos de la conquista cumpliera quizá respecto a Gran Canaria un papel análogo al de La Laguna respecto a Tenerife-) y Maspalomas, en la costa, el gran centro turístico grancanario. De la isla de Lanzarote tengo entendido que se caracteriza por sus paisajes desérticos y volcánicos, casi lunares. Y de Fuerteventura tengo que reconocer humildemente que no sé nada de nada.
Por lo demás, me suenan nombres aislados e inconexos de localidades y parajes naturales: El Parque Natural de Las Cañadas del Teide; su homónimo de Garajonay; la montaña de "El Roque de los Muchachos", en la que se encuentra el mayor observatorio astronómico de Europa -tan caro para mí, enamorado de la astronomía como soy-; playas de arena negra y volcánica, españoles y europeos tostándose al sol fuera de temporada, gracias al privilegiado clima de "las Islas Afortunadas" (mientras en la Península Ibérica y en el resto de Europa los "godos" de allende y aquende los Pirineos sufrimos el rudo y duro invierno del Viejo Continente...
Y terminamos con un par de referencias artístico-literarias. No voy a hablar del escritor canario más famoso, Benito Pérez Galdós, porque, que yo sepa, en sus obras no hay referencia alguna a su tierra de origen y su trabajo literario está centrado en Madrid, su tierra de adopción. En cambio, sí voy a referirme a otro escritor más desconocido para el público español, el francés Michel Houellebecq, un literato extraordinario que, para mi gusto, es una de las mejores plumas del sigo XXl, una de cuyas novelas, titulada "La Posibilidad de una Isla" tiene como protagonista...a la isla de Lanzarote, precisamente: en ella, sobre el escenario de un mundo futurista de tintes terriblemente sombríos, donde los seres humanos viven, cada uno de ellos, aislados y sólos en una especie de "bunkers" de alta seguridad (ya que existe una especie de desconfianza larvada entre todos, que cumple el pesimista adagio de Hobbes: "homo homini lupus"), el protagonista emprende un largo y peligroso viaje hacia el Sur de Europa, en busca de una isla de la que ha oído que, en ella, al contrario que en el resto del mundo, los seres humanos viven en comunidad y armonía: la "tierra prometida", vaya. La lectura de las novelas de Houellebeqc no es recomendable para espíritus con tendencia al pesimismo, a la depresión o a la melancolía, sino solo a las almas fuertes, dado su carácter nihilista, cínico, desgarrado y desesperado. Pero, curiosamente, en este mundo tenebrista, apocalíptico e invivible que construye el escritor galo, siempre aparece al final una rayo de luz y esperanza: el amor como única posiblidad de redención del ser humano. Curiosa paradoja.
Pasamos a la música, para hablar de la cantante canaria Rosana Arbelo -o Rosana a secas, su nombre artístico-, cuyo arte admiro profundamente, porque me gustan sus canciones, la pasión que pone al cantarlas y la preciosa voz con que las entona. Tengo, como oro en paño, su álbum "Lunas Rotas", en el que aparecen temas inolvidables, aunque, como nos estamos refiriendo a las Canarias en concreto, destacaré uno magnífico cuya protagonista es una antigua deidad canaria llamada "Diré", cuyo llanto, según el relato mítico, es el que provoca la lluvia sobre el Archipiélago -la condensación del agua de las nubes, como equivocadamente creen los meteorólogos-.
En fin que, cuando alguna fría noche de invierno esté desvelado por el insomnio, trataré de pensar en las islas Canarias como mi "paraíso desconocido" (parodiando al "paraíso perdido" de Milton), e invocaré a la diosa Diré para que me acune con su dulce llanto ayudándome a conciliar el sueño como un niño.
Ya se habrá adivinado que este artículo es un homenaje a Clito -canaria egregia, aunque residente en Barcelona-, mi "hada madrina" en "la coctelera", como agradecimiento a la comprensión y humanidad que ha mostrado siempre hacia mí, su díscolo "ahijado"....
Pues éso...



Clítoris dijo
Acabo de entrar y verlo. ¡Dios, me va a llevar meses comentar este artículo! Lo iré haciendo por etapas, como una novela por entregas. ¿Puedo?...0_o
Me has tocado la fibra con mi tierrita y témome que mis comentarios van a ser más amplios aún que tu exposición.
Gracias por dedicarnos un espacio en tu blog. Gracias por dedicarnos una parte de tu tiempo que, además, no creo haya sido pequeña.
A ver si luego puedo volver a pasarme por aquí y comienzo a darte la lata, jeje.
Un beso.
4 Agosto 2009 | 08:02 PM